jueves, 26 de diciembre de 2013

Reseña del libro Magda Eunice Sánchez



Galería de artistas
MAGDA EUNICE SÁNCHEZ, EL LIBRO
Por Juan B. Juárez
     Recientemente la Fundación G y T Continental presentó el libro Magda Eunice Sánchez, una lujosa publicación que recoge una amplia selección de dibujos, pinturas y esculturas e interesantes ensayos críticos realizados por Dante Liano, Roberto Cabrera, Silvia Herrera, Juan B. Juárez y Guillermo Monsanto sobre la personalidad, la obra y la trayectoria de la destacada artista nacional fallecida en 2008.
     Las obras reproducidas en el libro, aunque ilustran perfectamente el particular estilo de la artista y la diversidad de intereses técnicos y temáticos que se manifiesta en su producción, no sigue, sin embargo, un orden cronológico.  De hecho, deja de lado lo que la artista produjo en los años 70 y 80, que son los de su formación y de los primeros pasos de una trayectoria que se inició en medio de la reserva o la indiferencia de los artistas que destacaban en esa época violenta y del escaso público que podía comprender el aspecto poético e intimista de sus dibujos.  Quizás esta laguna se explica porque es muy poca la obra de esos períodos que sobrevivió, explicación que a su vez delata la indiferencia del medio y la falta de fe de un público que en esos momentos no tuvo la capacidad de apreciar su valor y significado artístico ni, por consiguiente, la voluntad de conservar las obras.
     Los ensayos críticos son otras tantas aproximaciones a la obra y la personalidad de Magda Eunice Sánchez, hechas desde perspectivas dadas no sólo por la diversidad de las expresiones y la densidad vital de la artista sino también por la situación y los intereses personales y profesionales de los respectivos autores. 
     Así, el ensayo de Dante Liano, titulado Magda Eunice, artista sin defecto, es algo más que una apología: es una especie de retrato espiritual de la creadora plástica y una interpretación filosófica y literaria de la “poética” que da sentido a su obra.  La retrata, en efecto, cuando dice:
“Magda era una sensibilidad en carne viva.  Detestaba con toda su alma lo ramplón, lo vulgar y lo mediocre”. O bien, “En una época cuando ser rebelde estaba de moda, ella se rebeló contra esa moda.  Era rebelde a la enésima potencia”. (Pág. 9)  E interpreta el sentido de la obra cuando destaca el objetivo estético que perseguía la artista:
“Hay un deliberado juego de conceptos en haber escogido solo desnudos femeninos, en la obra de Magda Eunice, para elaborar una metáfora sencilla, directa, sin necesidad de tantas elaboraciones teóricas.  La desnudez como metáfora de la poesía que revela conocimiento, o parte de él”. (Pág. 10).
     Guillermo Monsanto revisa la trayectoria desde la perspectiva de su “éxito” profesional en el mercado de arte, en el cual “(…) terminaría siendo una de las artistas favoritas de los coleccionistas de todos los tiempos”. (Pág. 14). 
     Roberto Cabrera, por su parte, relaciona el dibujo de Magda con la tendencia conceptualista que caracteriza al arte del siglo XX y hace una erudita filiación de su estilo con la tradición artística de occidente y con las tendencias contemporáneas.  Dice:
“Así, su dibujo-pintura o pintura-dibujo es una unidad formal y expresiva como la mayor parte del arte del siglo XX y como el figurativismo que aún hoy día de practica dentro de lo que en nuestros países se denominó Nueva Figuración.  Figuración dibujada y pintada a la que en Guatemala los miembros fundadores del grupo Vértebra dieron un particular enfoque que encontró eco en otros artistas de la generación del sesenta con trayectoria en el dibujo, el grabado y la pintura como Rodolfo Abularach, Enrique Anleu Díaz, Ramón Ávila y la generación de artistas jóvenes de finales de esa década y principios de la siguiente: Moisés Barrios, Arnoldo Ramírez Amaya, Rolando Ixquiac, entre otros”. (Pág. 19)
     Juan B. Juárez analiza la obra de Magda como producto fatal una personalidad artística excepcional que se formó en un contexto artístico, cultural, social y político marcado por el inicio de la guerra interna, la grandilocuencia ideológica y el machismo que negaba a la mujer capacidad para la creación artística significativa.
“Como se ve, se trataba de un ambiente artístico adverso para la sensibilidad más bien lítica e introspectiva de Magda Eunice”. (Pág. 82)  “Timidez que lucha contra la intimidación, su obra es el registro de sus pequeños triunfos frente a lo que la inhibe y la niega.  Son pequeños triunfos contra un enemigo insuperable que retrocede apenas unos pasos pero que no atenúa la presión del cerco.  De allí que esos pequeños logros no tengan nunca un aire triunfal sino conserven la levedad y la delicadeza de un atrevimiento pudoroso o, a lo sumo, la audacia y la simpatía de un guiño de secreta complicidad”. (Pág. 85)
     Silvia Herrera realiza un análisis formal y semántico de la escultura de Magda, disciplina que cultivó en la última etapa de su vida.  Sin descuidar la persona concreta que era la artista, su interpretación parte de los materiales pero se detiene en las formas que crea y en su significado como lenguaje humano y como poesía personal:
“Los músicos son personajes anchos y voluminosos, pero aligerados por su expresión.  Las texturas, intencionalmente rugosas, imprimen un carácter terroso y pesado a estos personajes que se alivianan al mismo tiempo por ese hálito musical y espiritual que los anima.  Por interpretar un instrumento, se elevan más allá de su forma rotunda y masiva, además, sus cabezas inclinadas hacia la izquierda indican sensibilidad y cuidado.  Con esta inclinación, Magda consiguió el drama, la animación y el carácter de sus figuras.  Su equilibrio visual fue formal y expresivo a la vez”. (Pág. 133).

     Se trata, en fin, de un libro que se ve y se lee con gusto.  La reproducción de las obras, sobre todo de los dibujos, permite, en efecto, el aprecio de sutilezas técnicas y expresivas; y los textos facilitan la comprensión de carácter y la razón de ser de una obra que dice mucho no sólo de la artista que la creó sino también de la época, o mejor dicho, de las épocas y de las atmósferas culturales que marcan las circunstancias de su creación y de la comprensión y valoración de su significado artístico.  

sábado, 7 de diciembre de 2013

Arte en Aeropuerto La Aurora





Comunicado de Prensa
Guatemala, 6 de diciembre de 2013


Colocación de Obras de Arte en Aeropuerto La Aurora
Segunda fase de proyecto Guatemala Artística de
Fundación G&T Continental

En seguimiento a la firma del Convenio de Cooperación entre la Dirección General de Aeronáutica Civil y Fundación G&T Continental, se llevó a cabo recientemente la colocación de obras de arte de los artistas Norman Morales y Erick Menchú, como parte de la segunda fase del proyecto Guatemala Artística.

Este proyecto tiene como objetivos el brindarle a los espacios públicos de la terminal aérea, detalles que den muestra de la calidad de las mentes creadoras de la plástica de nuestro país, además de continuar el apoyo al arte nacional, a través del impulso y promoción de nuestros valores, en tan importante edificio, que es donde los que visitan el país llevan su primera y última impresión.

Los artistas seleccionados para esta fase del proyecto, son jóvenes creadores, que en pocos años han acumulado ya grandes logros en iniciativas artísticas, como el Grupo La Torana y el Taller Experimental de Gráfica, TEG, además de haber expuesto en las principales galerías y museos, así como en el extranjero, por lo que Fundación G&T Continental se congratula de apoyar a los jóvenes valores.

Fundación G&T Continental, 20 años promoviendo el arte y la cultura, agradece el apoyo de los miembros de la prensa, que con su cobertura y difusión, coadyuvan a dar a conocer esta importante publicación, con las notas y artículos que se puedan publicar.

Con las muestras de nuestro agradecimiento, les deseamos desde ya felices fiestas.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Abrapalabra No. 46 -primicia-



34 aniversario del arte posmoderno guatemalteco

                             MarciaVázquez

     La posmodernidad desde la perspectiva del arte ha recorrido ya cincuenta años –en los años 70 se empieza a hablar de arquitectura posmoderna– bien cimentada en la idea de la desaparición del objeto y la presencia del concepto o de la idea detrás del primero. Los postulados de la posmodernidad entre otros, son  la validez  de la apropiación de las obras, además de obviar la reinterpretación de la realidad, que nos fija en un lugar y en  un momento preciso de la existencia —lo que  estaba presente en las imágenes precedentes sean  estas clásicas o vanguardistas, la posmodernidad hizo que  perdiera  su sentido—  pero a cambio, esta postmodernidad no aporta ni ética ni estéticamente nada nuevo. En Guatemala recién empieza a hacerse sentir en los años noventa y sin duda sigue vigente, por lo que una reflexión al respecto parece oportuna.

     La tradición nos dice que los eventos importantes para el ser humano se celebran o conmemoran en los lustros, las décadas o los siglos, pero he dado a este texto un título  que no marca ningún hito en la historia del arte nacional, esto es porque tampoco lo marcan las exposiciones  que se suceden una tras otra con lo mismo de lo mismo, con los soportes y los medios, a estas alturas del desarrollo de las artes y la tecnología, anacrónicos: muñecos icónicos del heroísmo pop, juguetes bélicos, siluetas para ejercicio de tiro, alienación y un sinfín de reclamos resabidos que han perdido su efectividad y están vacios de contenido.  Irrelevantes en tanto que reiterados.

     En el arte contemporáneo guatemalteco, con pocas excepciones, no se ve un cambio, un avance que vaya en proporción a la enorme cantidad de artistas nuevos que llenan múltiples espacios de exposición, nunca antes visto.  Lo que hay es estancamiento en su crítica al consumismo, el poder, el machismo o la sexualidad, la violencia y sus derivados. Durante más de treinta años, treinta y cuatro para ser exactos, partiendo del gorro de piñata camuflado hasta nuestros días, se han repetido y se siguen repitiendo incansablemente.

     Motivos todos abordados desde una postura pseudofilosófica y pseudoconceptual. Es entonces, la incapacidad del arte para transformar la vida cotidiana. Se vislumbra una falsa promesa, o goce de la obra. En otras palabras, son intrascendentes. Son artistas visuales que ya sin ninguna originalidad, y en muchos casos copiando a otros o a sí mismos siguen el trillado camino recorrido por otros artistas desde el Río Grande hasta el Canal de Beagle. Artistas que insisten en presentarse a exposiciones con más audacia que talento.

     La percepción es que los artistas se quedaron congelados en medio de esos discursos que apoyados en soportes poco convencionales, evidentemente descontextualizados y en ocasiones deconstruidos pretenden implicar una interacción comunicativa entre el artista y el destinatario mediado por la obra, pero que no convencen ni aportan nada nuevo, aunque se presenten, como antes se dijo, con aires de conceptualismo y profundad filosófica, donde no hay más que cierto grado de habilidad y técnica. 

     Todo muy válido en el momento final de la posmodernidad, mas carente de asombro desde el pragmatismo de la recepción, o lo que el observador extrae de lo que el objeto no dice, tal como apunta Barthes: “lo que produce el placer o el goce de la obra de arte”. 

     Esta es una de las líneas paralelas por las que transita el arte en Guatemala. La otra, sin extenderme demasiado en el tema, es la de  un arte moderno  anodino, que reincide en los motivos de la figura humana deformada, con lo cual evidencia su falta de dominio del dibujo, o se acomoda al discurso colorista, a lo cursi para usar un término castellano, y a lo que se vende.  Retoma como asunto de las obras lo vernáculo, cuando no lo religioso o un socorrido paisaje colorido mas desdibujado: iconos agotados todos como pretexto de un juego que quiere ser arte. A este espectáculo que llana en la mediocridad, se suma la falta de correspondencia entre los títulos de las exposiciones y las obras expuestas.  

      ¿Por qué no enfrentar la realidad y todo lo que queda por resolver en un país tercermundista inmerso en la pobreza, la miseria y las desigualdades como  un desafío para abordarlo desde el universo de la imaginación? O para mayor facilidad, regresar a la mímesis sin mayores pretensiones.

     La respuesta está en manos de los artistas contemporáneos.