lunes, 23 de febrero de 2015

El sueño interrumpido por Paulo Alvarado



            Es muy interesante visitar las muestras de arte visual contemporáneo guatemalteco.  Profundamente inundadas de una conciencia histórica que no tiene nada en común con las alharacas de los recién llegados y de los que reciben regalías por parecer que hacen algo a fin de cambiar el destino de esta Guatemala, sus gestos son intensos, genuinos y de gran propiedad estética.
            Tal es el caso de la exhibición titulada “El Sueño interrumpido”, que ha reunido una retrospectiva del arte nacional del último medio siglo, desde pinturas y dibujos referenciales de Mérida, Cabrera, Grajeda Mena, Ramírez Amaya e Isabel Ruiz, hasta las más recientes instalaciones, objetos y fotografías de la generación actual.  Con el infatigable apoyo de Fundación G yT Continental, y basándose en las generosas colecciones de José Toledo, Hugo Quinto y Juan Pablo Lojo, a más de otras pinacotecas personales e institucionales, una vez más resulta notable el extraordinario nivel artístico de los visuales nacionales.  Notable, también, su capacidad de articular el longevo deseo de un lugar mejor para vivir, para actuar, para soñar…  sin que todos nuestros anhelos se vean siempre interrumpidos por los aparatos de la más sórdida oscuridad.  Guatemala es, cabalmente, un sueño inconcluso, atropellado, discontinuo, y el arte es un vehículo idóneo para reflejar la premura de encontrarle un mejor rumbo a esos nuestros sueños.
            Acaso un enunciado que resume bien las condiciones de esta exposición  –y, por extensión, la condición de la nación guatemalteca desde la perspectiva de sus artistas visuales–  esté en las palabras de Javier Payeras, cuando observa que “solamente vale la pena despertar, si tenemos la voluntad de seguir soñando”.  Para quienes no la hayan visto, la muestra está abierta hasta el último de este mes, en la Galería del Centro (5ª Avenida 12-38) y en el Centro Municipal de Arte y Cultura (7ª Avenida 11-66), ambos en la zona 1 de la ciudad capital.  Una breve pero fructífera caminata por la intensa expresión visual de este país, urgente alerta de nuestros sueños y sus interrupciones.