lunes, 19 de junio de 2017

American Hymn / Overload

The 9.99 Gallery se complace en abrir su Sala principal y su Sala de proyectos para presentar dos nuevas exhibiciones, American Hymn del artista estadounidense Christian Lord, y Overload del artista guatemalteco Diego Sagastume. Ambas abren diálogos críticos sobre los mitos fundadores de las sociedades del presente y repiensan la modernidad y sus estructuras: Lord, desde el marco político y social, y Sagastume desde lo visual, cultural y arquitectónico; ambos hablando de sus contextos locales con un lenguaje escultórico.
 
La exposición principal, American Hymn, presenta esculturas que cuestionan qué es lo “norteamericano”, refiriéndose al mito fundador de Estados Unidos, como una balanza de poderes y jerarquías que lo han levantado desde sus inicios, y el poder que aún tiene cada individuo para impactar en el marco político y social, para derribar la rigidez de las estructuras. Esto, a través del uso de materiales que se remontan a las primeras prácticas artesanales del país, como la cerámica y las plumas de águila, que en este caso son falsas e importadas desde la China, como declaración irónica de la construcción de la identidad nacional desde lo comercial, el capitalismo y las transacciones de la posmodernidad.
Christian Lord, 2017, "q(will) I" 
Tanto sus materiales, como sus formas, metaforizan estas concepciones del presente en un diálogo entre contrastes: ligereza y rigidez, metal y plumas, la dureza y la fragilidad de las cerámicas. Así, las plumas son, para el artista, las plumas de la escritura que simbolizan la autoría y la voz propia. En algunas esculturas, una pluma, un único individuo, sostiene por el punto de quiebre una viga de metal, dejando que se fracture. Para Lord, esta es una escultura hecha desde la ideología, puesto que, así como las estructuras son pesadas y rígidas, aún pueden quebrarse por una sola voz. Sus cerámicas nativas también representan la inestabilidad de escaleras y jerarquías, como si cada pequeña pieza fuera un eslabón en la cadena de autoridad.

Para esta exposición, el artista coloca zapatos deportivos Nike como una representación de la contemporaneidad, un invento moderno del capitalismo y un fetiche comercial que es intervenido con distintos elementos, que bajo el vocabulario simbólico de la muestra lo conectan con la producción milenaria americana: las plumas y la tinta.

Christian Lord abre un diálogo con objetos estilizados, influenciados por una corriente minimalista, y critica las jerarquías de Poder de una sociedad cuyas ideas de progreso y consumo olvidan que un solo individuo puede romper las normas e iniciar una revolución.

Por otro lado, en la Sala de proyectos, se presenta Overload, del artista guatemalteco Diego Sagastume. Una muestra de esculturas hechas con materiales industriales, como concreto, azulejos y hierro, para dialogar con la modernidad y su fallido paso hacia una posmodernidad confundida, y, en el caso de Guatemala, impuesta.

A partir de la fotografía de un hombre con un bulto amorfo sobre el hombro, Sagastume comenzó a pensar en esa imagen como un retrato de la época, una metáfora de la contemporaneidad montada sobre los hombros de una modernidad rígida que jamás alcanzó sus objetivos. Luego, esa idea fue construyéndose a través de la observación del paisaje urbano en la Ciudad de Guatemala, una ciudad formada por arquitecturas de distintas épocas, como la corriente internacional moderna, con sus construcciones hito de los años 50 y 70 que conservan acabados en mosaicos de azulejo, con brises soleils o barrotes, y letras fundidas en metal. Las esculturas presentadas en Overload son más que una abstracción de esa arquitectura moderna, y funcionan como artefactos que activan cuestionamientos sobre lo que significa que histórica, social y culturalmente nuestro tiempo esté sobrepuesto sobre la modernidad y una identidad nacional que el artista encuentra confusa.
Diego Sagastume, 2017, "Overload No.1"
Detrás de las esculturas de Sagastume hay una referencia a proyectos icónicos como los edificios del arquitecto suizo Le Corbusier (Charles-Édouard Jeanneret, 1887–1965), y la Ciudad de Brasilia de Lucio Costa y Oscar Niemeyer (1957), ejemplos de estructuras modernas de concreto concebidas como grandes cubos indestructibles. En Guatemala toda esta influencia también cayó sobre su aglutinado paisaje y un grupo de arquitectos graduados en el extranjero, como Roberto Aycinena, Carlos Haeussler, Pelayo Llarena y Jorge Montes, quienes comenzaron el proyecto de modernización de la Ciudad de Guatemala, a través de su arquitectura, con estructuras en el Centro Cívico (1954-1976) y edificios como la rectoría de la Universidad de San Carlos de Guatemala (1960) o complejos en las zonas 4 y 9.

La periodista Gemma Gil y el arquitecto Raúl Monterroso escriben en el libro Guía de arquitectura moderna de Ciudad de Guatemala
[1] que lo que definió las construcciones de la época fue “la utilización de nuevos sistemas constructivos (…) como un mayor número de plantas sobre el mismo terreno, y haber abandonado el sistema tradicional de adobe y mampostería”. Además, mencionan que “el uso de materiales nobles, como el ladrillo, el mármol, el mosaico o el concreto expuesto, evidencia una intención estética que busca explorar más allá de lo racional (…) y encender en la antigua ciudad algunos destellos de modernidad”. Con esta exposición, Sagastume busca poner en juego estas ideas de progreso y argumentar, muy discretamente, que el fallo de la modernidad es que se quedó allí, que nunca tuvo continuidad.

“Hoy en día, todo parece estar al alcance de la mano, todo pasa al mismo tiempo”, dice el artista para comparar el presente y la forma en la que recibimos información y estímulos visuales, con estas formas metódicas de construcción. Por el propio interés del artista, todo el proceso para concebir las estructuras tangibles parte también de un plano digital. De ahí que el Internet sea parte de este collage posmoderno montado sobre espacios conceptuales.

Esa “sobrecarga de información construida sobre una superestructura en red”, como menciona el artista, es también un síndrome de la posmodernidad “que nos lleva a un sentimiento de ansiedad que no es más que una carga sin forma”; una reflexión sobre cuán imperfecto y sarcástico es el mundo físico, y sobre cómo todas sus figuras modernas recaen también en la construcción de su propia actualidad, como los bultos que irónicamente caen sobre sus esculturas. 

 
 
[1] Gemma Gil, Raúl Monterroso, Andrés Asturias. (2008). Guía de arquitectura moderna de Ciudad de Guatemala. Ciudad de Guatemala: El Librovisor, Ediciones alternativas del Centro Cultural de España en Guatemala.

miércoles, 14 de junio de 2017

Roberto González Goyri (1924-2007)




La Asociación González Goyri y Galería Artes Landívar se unen para conmemorar los diez años de su fallecimiento acaecido el 13 de noviembre de 2007. La exposición presenta desde una propuesta interactiva, una retrospectiva de la vida familiar, las búsquedas y logros del artista, así como las relaciones con otros artistas que fueron determinantes en su recorrido inicial por el mundo del arte –principalmente la escultura– que sería su mayor interés y posterior contribución a la cultura nacional. 

Don Roberto fue uno de los más connotados y reconocidos artistas de la plástica guatemalteca del siglo XX, cuya genuina vocación le llevó continuar su labor fecunda y persistente en este siglo XXI que ha producido tantos cambios y tanta complejidad en el ámbito artístico universal. 

El maestro González Goyri, inició su constante aporte a la plástica del país hacia 1948 con una exposición individual de 12 esculturas y 10 dibujos a tinta. A partir de ese momento, su trabajo no dejó de fluir como un remanso que se nutre gota a gota con una actividad creadora perenne, que no se conformó con un sólo lenguaje expresivo, por el contrario, va de la escultura en sus diversas registros, a la pintura, para complementar su quehacer artístico con la literatura a través de ensayos y columnas periodísticas, en las que se refiere al arte desde la perspectiva de la crítica y el juicio estético, como base sobre la que se cimientan sus soluciones plásticas. Realizó un viaje a Nueva York, junto con su amigo Roberto Ossaye, para estudiar en el Art Student´s League y en el Sculpture Center. Iba cargado de tradición y academicismo, por eso Nueva York le sorprendió a la vez que le ofreció nuevas invaluables experiencias, entre otras, la de haber conocido personalmente y recibido el influjo del escultor Jacques Lipchitzs representante de la Escuela de París. Su amistad le sirvió para resolver dudas y encontrar el camino que le permitió acceder a la creación libre.

Algunos años después de su regreso a Guatemala, además de dirigir durante un año la Escuela Nacional de Artes Plásticas y de recibir por parte del gobierno la Orden del Quetzal en grado de oficial, así como diversos premios en variados certámenes centroamericanos, integra la Corporación de Pintores y Escultores Plasticistas de Guatemala.
 
En la década del sesenta, Roberto González Goyri, junto a Dagoberto Vásquez y Guillermo Grajeda Mena se unen al maestro Carlos Mérida, quien viene a Guatemala expresamente con el objeto de realizar los murales para las instituciones más importantes del país, como son el Banco de Guatemala, el Instituto de Seguridad Social, el Crédito Hipotecario Nacional y el Palacio Municipal, que constituyen el Centro Cívico de la ciudad.

Esta obra monumental, realizada en concreto expuesto, en el que se dejan a la vista con intención plástica, los defectos propios de la formaleta de madera, bastaría para resumir el talento de don Roberto, ya que en ellos hace interactuar el medio con el contenido y la forma. El observador capta simultáneamente los tres elementos, sin que quede lugar a dudas del porqué de la escogencia de determinado medio para determinada forma.

Constantemente cambió los motivos, mas su estilo estuvo dominado por la autenticidad de sus raíces que lo impulsaron por un sendero que ya había sido trazado y recorrido por el artista maduro. No tenía interés en que su obra llevara un mensaje, lo importante para él era la calidad plástica.

Así pues, técnicas y temas se renuevan con dinámico perfeccionamiento en su obra. Muralista de colosales figuras de fondo histórico y alegórico y dibujante de diseño firme e ingenioso, maneja con igual maestría el bronce, el concreto, el óleo, el acrílico o la tinta. Su pincel discurre en la corriente del estilo abstracto-figurativo como él lo definió, sin cautelosas aprensiones que desfiguren la naturaleza de su impulso creador, fundado en la simplicidad de su actitud mimética y en la complejidad de la perfección compositiva.

Marcia Vázquez
8 junio 2017