martes, 4 de noviembre de 2008

Gasolina.

Retrato de la idiosincracia chapina del siglo XXI
por Josè Manuel Mayorga.


La mañana del domingo 2 de noviembre en las salas de Cinépolis aprecié el cuidadoso trabajo que Julio Hernández Cordón y su equipo han confeccionado de manera minuciosa, para entregarnos Gasolina la laureada película guatemalteca del 2008. Habíamos como 20 personas en la primera función de la mañana, lo que atribuyo, para estar a tono con lo que ví, al desinterés de mis paisanos, o a la huevonería … Probablemente se desvelaron, como los de la película, aunque no sé si haciendo lo mismo.

Se agradece la brevedad. La proyección dura aproximadamente 70 minutos, tiempo suficiente para tener un retrato fiel de nuestra realidad cotidiana; lo que es ser y vivir en Guatemala y de lo cual se obtiene una pauta para todo lo demás que acontece estando aquí, y que se aprecia entre líneas.

Así, el succionar, el escupir, la mentira, el hurto, el robo, la indiferencia, la limitación del vocabulario, la falta de comunicación, los insultos, las mentadas de madre, las amenazas, el tomar ventaja, la falta de respeto a todo nivel, el hacer daño, la pérdida de tiempo y oportunidades, el manejar distraído, el menospreciar, el racismo y las acciones irreflexivas se traducen en visiones en nocturnidad y en descampados. El desasosiego en diálogos repetitivos y soeces. La indolencia impera entre todos los protagonistas, desde los jóvenes hasta los adultos, todos insatisfechos en el mismo plano terrenal. Lo único que rompe la monotonía y la oscuridad son las luces en paralelo del DC·380 (¿?) cuyo paso se ve y se escucha; aeronave que los patojos quisieran manejar con sendos uniformes, y aunque no lo dicen, teniendo la necesaria capacidad y disciplina que ser piloto de una aerolínea comercial conlleva. Pareciera que sólo en las alturas y a la distancia, en un lugar imaginario, este trío (reflejo de una colectividad) podría vivir un poco más en congruencia y paz consigo mismo. Comentario especial merece el fino humor del director al introducir al bien intencionado personaje de la tía, instructora en defensa personal.

Tenemos un retrato de los chapines que debemos ver y conocer. La última secuencia es luminosa al extremo de ofender la vista. Otra nave va… En la compañía de un chucho y coches, el nuevo amanecer aleja la oscuridad de la noche. Una constante en la película es la dificultad en respirar que tiene uno de los protagonistas. Esa sensación de falta de aire la llegué a experimentar como espectador al verme reflejado en esa realidad desolada, en esa ciudad chata, donde los desarrollos habitacionales entregan flamantes casas nuevas del tamaño de una cajita de fósforos sobre las cuales pesan financiamientos hipotecarios que duran 20 años divididos en mensualidades…, en esos adultos y en esos jóvenes que son producto de las condiciones de vida en este país, sin perspectivas, sin metas, como mudos encerrados. Eso sí, todos responsables de sus actos.

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