miércoles, 17 de octubre de 2012

Poenimio Sinfónico de Joaquín Orellana

 

            Este mes culmina el año que, desde noviembre de 2011, le ha sido dedicado al maestro Joaquín Orellana, y a lo largo del cual se han llevado a cabo diversos recitales y actividades encaminadas a resaltar la labor y la trascendencia del compositor guatemalteco más interesante de nuestro tiempo.  También violinista y director de orquesta, autor de diferentes textos, se distingue adicionalmente por la creación, la fabricación y las maneras de ejecutar de numerosos “útiles sonoros”  –instrumentos derivados de la marimba, la caña de bambú, piezas de aluminio, hierro y objetos encontrados–  que expanden notablemente las posibilidades y las sonoridades de la percusión tradicional.
            Con todo, el legado más importante de Orellana es su caleidoscópica producción musical.  Desde sus antañonas canciones en las que evoca “antiguos cismas, juventud trasnochada, diálogos con viejos muros silentes y amores contrariados” y su música de cámara con títulos tan curiosos como “Oxidorganillo” o “Cajita de alegres penas”, hasta sus piezas mayores, en las que reúne orquesta sinfónica, coro, electroacústica, declamadores y efectos para-teatrales, con una clara orientación ideológica y de denuncia social.
            El concierto, con el que concluye el Año Joaquín Orellana, ofrece dos estrenos absolutos:  In Memoriam Arturo Santa María (para orquesta con contrabajo obligado), obra recién escrita en recuerdo de un entrañable colega fallecido hace pocos meses;  así como la pieza de fondo, Poenimio Sinfónico (para violonchelo y orquesta), compuesta hace 50 años y destinada al gran violonchelista Juan Carlos Paniagua, pero que hasta ahora nunca había sido interpretada.  La primera audición mundial de este “poema nimio” para violonchelo, de casi media hora de duración en tiempo corrido, representa la temprana madurez de Orellana:  una extendida rapsodia lírica en la que dialogan intensamente el solista y la orquesta, con vocación a convertirse en la gran obra romántica guatemalteca para dicho instrumento.
            El programa lo completan El Paso Secreto (a modo de obertura), Canción de Cuna y Homenaje a Joaquín (cuyas versiones sinfónicas también se escucharán en estreno durante la velada).  En tanto la inicial “expresa el ámbito de una atmósfera exasperante en un cuarto tenebroso donde un hombre deberá descubrir el lugar que contiene una clave para salir”, la segunda es un arrullo, por momentos tierno o juguetón.  En la pieza de tributo a Orellana se alternan varios de sus útiles sonoros con el empleo textural de los registros orquestales convencionales.
            La ocasión de escuchar esta excepcional muestra es el jueves 15 de noviembre, a las 20 horas en el auditorio del Conservatorio Nacional de Música.  Los solistas serán Laura Pellecer al contrabajo y Paulo Alvarado al violonchelo, con la Orquesta Sinfónica Nacional de Guatemala, bajo la dirección del propio compositor.

© 2012 Paulo Alvarado

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