FUNSILEC
dedica su edición de 2017 a un artista dimensionado internacionalmente, un
protagonista del arte continental cuya obra representa paréntesis puntuales en
la historia americana. En Guatemala, Rodolfo Abularach está considerado como
uno de los decanos de las artes visuales de su tiempo y, por los expertos en la
materia, como un virtuoso.
Calificación, esta última, que no suele otorgarse fácilmente en este medio tan
poco generoso con sus notables.
Su
primera expresión autodidacta ya denotaba la presencia de un artista en vías de
consolidación. Más adelante, estudió en el Art Students League y Graphic Art Center, ambas en Nueva York.
Fue a partir de ese momento que se integró al movimiento plástico internacional
con propuestas afianzadas en sus
propias verdades. Aquella
trasposición cultural le llevó a experimentar con el dibujo abstracto
expresionista sin abandonar del todo su visión surrealista. En ese momento,
achurados precisos y enérgicos hendieron el papel con energía y precisión de
grabador, trabajo exhaustivo y minucioso que brindó resultados en creaciones
que parecen confeccionadas a buril. Fue la antesala a una valiosa producción
seriada, sustentada por casi sesenta años de presencia.
Se
especializó en el grabado a la mezzotinta.
Esta técnica de estampado, al contrario de otras que parten de una plancha
en blanco, inicia su proceso sobre una superficie negra, misma que se consigue
mediante una textura producida en la placa por un graneador. Las rebabas
resultantes atrapan gran cantidad de tinta y producen un negro intenso,
uniforme y aterciopelado. Luego, el artista se dedica a raspar las zonas de la
plancha con bruñidores y rascadores para logar las medias tintas, las luces y
obtener así la imagen deseada. Este método fue propuesto por Ludwig Von Siegen
quien, en 1642, sentó las bases que rápidamente fueron adoptadas por otros
grabadores, especialmente en Inglaterra. Con frecuencia se denomina a este
procedimiento "el método inglés". Con esta técnica se produjo brillantes
reproducciones de pinturas desde el siglo XVII hasta el XIX. Tras la invención
de la fotografía y con los nuevos sistemas de reproducción, fue cayendo en
desuso hasta casi desaparecer. Sin embargo, fue retomada por los artistas de
las vanguardias por su alto poder expresivo.
Es en
este ejercicio de taller que el autor se desborda. Encuentra matices y propone
sus figuraciones, aterrizándolas en el campo inequívoco
de la autoría personalista. Probablemente, su afición al procedimiento proviene
del reto de humanización que le ofrece la comunicación entre las herramientas y
su visión personal. Su gráfica adquiere, en ese minucioso proceso, valor de
dibujo al claroscuro, de pintura. La textura no puede sentirse, pero se ve y
provoca deleite en la certeza de su lenguaje. Se percibe como producto acabado,
depurado. Es el ojo del observador el que se detiene en las sutilezas,
encontrando placeres visuales. El conjunto de trabajos -los de toda su vida
profesional- caben, no importando su tamaño, en la categoría de obra maestra.
¿Es
Abularach, en el presente, un grabador realista como opinan algunos críticos? No se puede estar tan seguro de ello.
Más bien, parece ser un autor simbólico cuyos referentes nacen de la cultura
circundante pero catalizados desde su yo artístico interior. Hay pureza,
experiencia creadora y un diálogo entre lo que siente y lo que producen sus
manos de artífice. Es riguroso. No experimenta porque sabe lo que está
haciendo. La técnica es un mero pretexto para la génesis de su idea y su
posterior estampado en el papel. Es conceptual pero objetivo.
FUNSILEC
presenta de Abularach, entonces, un repertorio procedente de la técnica de
grabado a la mezzotinta. Esta
colección acerca al público a ese denominador de virtuosismo característico del artista, oportunidad que pocas veces
se da en Guatemala debido a que el maestro solo expone en contadas ocasiones y,
por lo general, en exposiciones colectivas. De su legado, el resto es historia
viva. Solo vale la pena recordar que a lo largo de todos estos años Rodolfo
Abularach ha encontrado en el dibujo, grabado, pintura y escultura, medios con
los que ha podido llevar su expresión hasta las últimas consecuencias.
Guillermo
Monsanto
Madrid,
junio de 2017

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